El Pop Art en «Especial de Cómics» de revista DISEÑO N°30

 

Continuamos con la serie que rescatará grandes publicaciones de revistas clásicas relacionadas con el Diseño, Cómics, Softwares Gráficos y algún otro que encuentre en mi colección. En esta ocasión veremos la relación del Pop Art y el Cómic visto por la pluma (o teclado) de Hernán Garfías, destacado diseñador quien fue director de la revista DISEÑO.

Sobre la Revista DISEÑO:  Durante la década de los ochenta el Diseño como concepto y como oficio no se había internalizado en la sociedad chilena. Esa fue la razón que me impulsó a crear un medio de comunicación de circulación nacional e internacional, que influyera para cambiar esa situación que perjudicaba al desarrollo de Chile como nación emergente. La Revista Diseño fue la primera publicación nacional y continental que relacionó los temas del diseño, la arquitectura y las artes visuales. Se potenció poderosamente para que las autoridades políticas, empresarios, agentes culturales, medios de comunicación e instituciones incorporaran estos temas en sus agendas y contenidos, lo que permitió que desde la primera edición en diciembre de 1989 y hasta su última edición en Diciembre de 1999, la revista difundiera urbi et orbe lo mejor del diseño, la arquitectura y las artes visuales de Chile y del mundo. Fueron sesenta y siete ediciones de calidad y contenido. Marcó un antes y un después para el diseño chileno.


«Dos pinturas: Dagwood», 1983. Roy Lichtenstein. Oleoy magna sobre tela. 228,6 x 162,6 cm.

Todo un fenómeno cultural, el Pop Art ha recurrido a elementos del cómic para ser testigo y parte de los profundos cambios en los modos de vida durante los años 60: la sociedad industrial, la educación antiautoritaria, la emancipación de la mujer, la liberación de la sexualidad…, de paso, elevando a la categoría de arte objetos cotidianos y personajes de las tiras cómicas, como el Pato Donald, Bugs Bunny y el famoso ratón Mickey.

El Pop Art

El estado de ánimo de una época.

Por Hernán Garfias

El cómic, como nueva expresión de entretención de este siglo, no sólo subyuga a los niños y jóvenes, sino que además fascina a los artistas del Pop Art, como una forma de expresar su reproducción de la década de los sesenta.

El hecho de que en un primer momento el Pop Art naciera en dos grandes ciudades, como lo son Nueva York y Londres, determina en gran parte que sea un tipo de manifestación artística que refleja fuertemente la particular atmósfera de la gran urbe, su caos, el hacinamiento humano, sus historias individuales, encerradas en un departamento. No es raro entonces, encontrar a los objetos cotidianos inspirando una tela, y tampoco es de extrañarse la composición de una obra con los elementos de reproducción cotidianos de la ciudad, como la fotografía, la fotocopia, los medios de prensa y, desde luego, los cómics.

«Mira Mickey», 1961. Roy Lichtenstein. Oleo sobre Tela. 121,9 x 175,3 cm.
«Emergimos lentamente», 1964. Roy Lichtenstein. Oleo y magna sobre tela. 173 x 234 cm.

El Pop es un juego de palabras, un estilo de vida, un término generacional; un nuevo concepto artístico, que en lo personal me subyuga hasta emocionarme en lo más profundo de mi ser. El Pop Art no es un término estilístico, sino genérico para fenómenos artísticos que tienen que ver de forma muy concreta con el estado de ánimo de una época. Como adjetivo de arte, el Pop establece asociaciones con los diferentes elementos superficiales de una sociedad. El Pop Art mantiene el equilibrio entre las eufóricas perspectivas de progreso de una época y aquéllas pesimistas y nihilistas.

La cultura Pop y el modo de vida se enlazaron estrechamente en los años sesenta. El Pop caracteriza la reacción de una época que se extendió a la existencia, tanto en el proceso social como en el ámbito privado; un estado de ánimo que refleja su programa en el arte. En la historia del arte no ha existido antes una superposición semejante, una proximidad entre vida y arte tan evidente para todos, tan palpable y tan general. Los temas, las formas y los medios del Pop art muestran los rasgos esenciales que asociamos con el ambiente cultural de los años sesenta y el estado de ánimo de la gente.

Habría que agregar que el «Pop» es una manifestación cultural absolutamente occidental que ha ido creciendo bajo las condiciones capitalistas y tecnológicas de la sociedad industrial. Norteamérica es el centro de este programa. Por lo tanto se produce la americanización de la cultura en todo el mundo occidental, en especial la de Europa. El «Pop Art» analiza artísticamente esta situación, visualiza un catastro de nuestras modernas conquistas industriales y su absurdo, los límites de una sociedad de masas y medios de comunicación que estalla por los cuatro costados. El «Pop Art» vive de las grandes ciudades. Y con la estabilidad económica producida después de la postguerra, se condujo a una sobrevalorización de lo popular. Cualquiera podía adorar el mal gusto, coleccionar chucherías, leer cómics, comer salchichas, beber Coca-Cola. Lo trivial se convirtió en objeto de interés general, admitido por todas las capas sociales. Era el nuevo estilo de esa generación, que cambió el mundo para siempre. La conducta heterodoxa y provocativa, la conmoción y la alteración de lo cotidiano, la ruptura de los tabúes y el final de la mojigatería formaban parte de esta contracultura. Este proceso puso en marcha la inversión de los valores en las relaciones humanas y cuestionó el tradicional reparto de papeles: la educación antiautoritaria, la emancipación de la mujer, las nuevas estructuras profesionales y la liberación de la sexualidad, se desarrollaron con arreglo a esta “revolución cultural”, se acabó el esconder las fotos del Playboy: un nuevo sistema de comunicación surgió a través de los periódicos marginales, los fan-magazine, los posters, los carteles, etc. Todo esto condujo a un concepto nuevo del objeto y el arte.

Roy Lichtensteín

Con este pintor norteamericano queremos simbolizar la influencia del cómic en el arte de las últimas décadas. Nacido en 1923, estudio arte en la Ohio State University y muy pronto comenzó a interesarse por los personajes de las películas de Walt Disney, como Mickey y el Pato Donald, que fueron los primeros protagonistas de sus dibujos iniciales, junto con escenas de indios y vaqueros. De los años 1963 y 1964 data una serie de pinturas claramente influidas por las tiras cómicas. Aparecen temas relacionados con la guerra y motivos románticos en los que los protagonistas se hallan sumergidos en una nube que los aísla del mundo. En ellos pueden leerse inmensos rótulos que sirven para clarificar las escenas pintadas por el artista. Lichtenstein modifica sus modelos, tomados de los cómics, introduciendo variaciones en los originales o bien reuniendo diversas historietas en una sola.

«Lo sé,…Brad»,1963. Roy Lichtenstein. Oleo sobre tela. 168 x 96 cm.

El proceso técnico que seguía para su realización consistía en tomar un epidiáscopo y proyectar sobre el lienzo las imágenes previamente esbozadas en un papel. Una vez trasladada la imagen al lienzo, trazaba las gruesas líneas, a modo de contornos, en negro o en azul oscuro y, posteriormente, coloreaba la superficie en colores puros. La obra finalizada presenta siempre un acabado liso y brillante en el que resulta imposible detectar las trayectorias de las pinceladas. La claridad y la limpieza son dos factores fundamentales a la hora de valorar la pintura de Lichtenstein.
“A los cómics les debo los elementos de mi estilo y no los temas». Esta declaración del artista pop en una entrevista descubre una intención artística fundamental de Lichtenstein.

Los cuadros del pintor pretenden objetivar y desindividualizar emociones y actitudes. Su pintura parece ser realizada mecánicamente y resulta perfecta y anónima, igual que si hubiera sido hecha por un diseñador gráfico. Quiere borrar con pintura las huellas de su firma, por ejemplo, errores, imprecisiones o cambios: «son trabajos de limpieza”. De esta forma tan banal el autor describió su perfeccionismo en una conversación con John Coplans en 1967. «Soy propenso a elegir motivos del cómics muy típicos, aquellos que, en cierto sentido, no expresan ninguna idea única en su contexto. En otras palabras: normalmente no suelo escoger aquellos motivos que representan un mensaje imponente, sino aquellos que no ostentan un mensaje de importancia o que tan sólo parecen arquetipos clásicos de su clase. Esto es lo que más me interesa: a partir de semejantes motivos alcanzar una forma casi clásica, si bien intento encontrar en el motivo algo que se encuentra fuera del tiempo, que parece impersonal y mecánico… Los cómics son campos experimentales que estimulan la fantasía». Y luego agrega:»Empleo el color del mismo modo que la línea. Lo quiero hipersimplificado: todo aquello que de alguna manera puede ser rojo, de hecho se vuelve rojo. Tan sólo es un manejo del tamaño, la forma y la yuxtaposición… También quería que el objeto pictórico se opusiera a las técnicas pictóricas sobrias y reflexivas».

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Otro aspecto importante en Lichtenstein es su origen muy vinculado al expresionismo abstracto norteamericano. Este movimiento de principios de los cincuenta fue el telón de fondo de nuevos movimientos que ya se habían iniciado a fines de los cincuenta, precisamente cuando Lichtenstein, un converso de último momento, había adoptado el estilo. Según parece, él intentaba conectar con la corriente principal del mercado artístico. En 1959 expuso sus nuevas obras en Nueva York pero sin ningún resultado. Sin embargo, si Lichtenstein hubiese vivido el expresionismo Abstracto como algo propio, probablemente no habría empezado a hacer aquellos dibujitos tan raros de figuras de tiras cómicas como el Ratón Mickey, el Pato Donald,Bugs Bunny y otros personajes de la escuela Disney. Envolvía a estos personajes cómicos con superficies que de otro modo habrían sido expresiones abstractas. Una vez le preguntó Coplans sobre este cambio rupturista y él contestó: «La desesperación; entre Milton Resnick y Mike Goldberg no quedaba ningún espacio (dos expresionistas abstractos de la segunda generación)». Así, pues, asegura haber recibido la influencia de las pinturas de mujeres de Willem de Kooning, en las que las figuras o cabezas femeninas habían sido configuradas con un manejo expresivo del pincel. Sus Mickeys o Donalds se burlaban de la imaginación inquieta y ásperamente erótica de de Kooning. Con todo, .esas primeras pinturas con personajes de cómics nunca se expusieron al público, y fueron destruidas o tapadas con otras pinturas. De ese período sólo quedan algunos dibujos. El artista no tenía gran confianza en esas obras, pero, como quiera que sea, el salto· de transición a los personajes de Disney no significó la exclusión de las pinturas anteriores de Lichtenstein. En esa época Robert Rauchenberg y Jasper Johns ejercieron gran influencia en su obra. Fue el artista e historiador de arte Allan Kaprow quien lo animó a abandonar la imagen del cómics tal como era, sin la interferencia del pintor. Allí daría comienzo a un largo camino sobre el tema que nos interesa analizar en este especial de «Diseño» , el cómics.

Warhol, Oldenburg y los otros

Los instrumentos creativos y los contenidos del cómic comercial son el resultado de su funcion, generalizar y trivializar las emociones, las acciones, las personas y las cosas hasta tal punto que respondan a un espíritu popular. El cómic activa los sentidos humanos, dirige la acción y el movimiento, crea una atmósfera, origina una presencia corporal y animal, sugiere lo que no se ha dicho, lo pensado, lo oculto. Así, la explosión dibujada de una ametralladora convierte una explosión ficticia en un hecho concebible visualmente. Es la propia puesta de sol sobre el mar la que se convierte en cuadro, como en una quietud petrificada; un fenómeno que como proceso natural ha sido también muy recurrido por el cine, la televisión y la publicidad.

«Art», 1962. Roy Lichteinstein. Oleo sobre lienzo. 91,4 x 172,7 cm.

El lenguaje visual y la tipografía, la disposición del texto y la imagen en los cómics han ayudado a artistas como Andy Warhol y Roy Lichtenstein a trasponer eficazmente los sentimientos programados en algo real. Les han permitido rastrear las imágenes estereotipadas de la realidad de su época, manteniendo como artistas la distancia con respecto a las cosas y a sí mismos.

Sí, Andy Warhol es otro artista que ha recurrido a elementos provenientes del cómic, como también de la publicidad,en su obra. Su famosa lata de sopa Campbell’s en cualquier momento podría ser arrebatada del cuadro por la mano enguan­tada de blanco de Mickey Mouse.

«El beso», 1962. Roy Lichtenstein. Oleo sobre tela. 203,2 x 172,7 cm.

El método de trabajo de Warhol se basa en la reacción y la acción permanentes; los límites entre producción, producto y reproducción; entre imagen, copia y objeto representados son difusos. En su arte parte del conocimiento de que los objetos y los hechos adquieren su importancia dependiendo de cómo se manifiestan, cómo son presentados y transmitidos. El medio es el contenido del propio mensaje. Sin embargo, la idea artística de Warhol no es sólo convertir el arte en algo trivial y vulgar, sino trivializar y vulgarizar al propio arte. Esto es, no sólo incorporar al arte los productos en serie y las informaciones de los medios de comunicación, sino también producir consecuentemente al arte como un producto de masas.

Warhol convierte lo inferior en superior y viceversa: hace descender al «arte cult» elitista a lo cotidiano, mientras que los fenómenos de la subcultura adquieren dignidad para ser presentados en sociedad. Dos faces de pintura de acuerdo con un modelo precedieron a la serigrafía sobre lienzo , trasposición mecánica de un original: una pintura libre sobre los motivos del cómic y la publicidad (1960/61), así como los cuadros «Do lt Yourself» (1962) que simulan métodos de reproducción mecánica.

Algunas semanas después de que Lichtenstein presentara sus pinturas de cómics al famoso galerista Leo Castelli, Warhol le mostró sus propias pinturas de tiras cómicas. El hecho de que ambos artistas llegaran simultáneamente al mismo tema sin conocerse es una casualidad reveladora. Ahora bien, entre los cómics de los dos artistas había una diferencia importante: los estilos. La pintura de Warhol todavía conservaba un manejo expresionista del pincel, y Castelli no aceptó su obra, decisión que el artista comprendió, ya que se había dado cuenta de que sus figuras de cómics no eran tan provocadoras como las de Lichtenstein. Cuando este último hizo su primera muestra individual en Castelli, en febrero de 1962, ésta se vendió entera antes de la inauguración.

Claes Oldenburg es otro artista del Pop Art que se inspira en el cómic, en este caso tridimensional. De hecho casi todas sus configuraciones caprichosas están haciéndonos recordar las ambientaciones y los objetos que rodean una pelicula de cómics. Su «Ratón geométrico, escala A» es una ironía del popular Ratón Mickey.

En España el grupo «Crónica» utiliza el cómic para ironizar posturas ideológicas. Y más recientemente, el artista Keith Haringse apropia de los cómics realizados en grafitti, para incorporarlos a su obra llena de color.

Otros artistas, como Patrick Caulfield, Richard Hamilton, Niki de Saint-Phalle, se acercaron al lenguaje del cómic para expresar su obra. De ahí es posible concluir que el cómic ha sido una fuente de recursos importante para el arte de las últimas décadas, llegando a asentar en la historia del arte a algunos artistas, entre los cuales sobresale Roy Lichtenstein.


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